miércoles, 26 de octubre de 2011

La Hechicera con Alas de Mariposa - Cap. I: La Leyenda


<<Ha llegado la noche y las estrellas cubren el cielo. La hermana Luna aún no ha aparecido tras la montaña. Una suave brisa se percibe… estamos a fines de Octubre. >>

Quizás nadie me conozca, a pesar de estar veinticuatro horas en mi compañía. Tal vez algunos dicen entenderme, pero en verdad, son palabras que el viento y el tiempo han dejado atrás. Lo único que es cierto, es que ni yo misma me comprendo a tal punto de afirmar quién realmente soy o lo que podría llegar a ser.

Cuenta la leyenda que nací de la unión de un hechicero y un hada de los bosques. Mi padre, famoso por las investigaciones realizadas sobre la “Piedra Filosofal”, de quien se dice además que la llegó a crear, pero solo son rumores que en el pueblo se han propagado. Mi madre, una hermosa ninfa de brillantes cabellos verdes y unas alas azules, similares a las de una mariposa. Su historia de amor es un secreto, así que no hablaré sobre ello, solo puedo decir que mientras estuvieron vivos, me enseñaron y guiaron como nadie nunca lo pudo hacer.

<<Otra estrella está iluminando mi ventana, se ha unido a la que siempre me cuida en mis horas de descanso… de la Luna ni rastros, la esperaré hasta que la pueda ver… >>

Pues bien, mi infancia fue diferente a las demás, por ser hija de “seres místicos”, siempre me mantuvieron al margen, no me dejaban compartir con los chicos de mi edad, no podía jugar con ellos, pues sus padres apenas me veían correr cerca de sus hogares, llamaban a sus retoños y los encerraban en casa. Como se imaginarán, tuve que buscar otros medios para saciar mis energías, por lo que le pedí ayuda a mis padres y ellos me enseñaron lo que para muchos estaba prohibido… LA MAGIA.

Cuando cumplí la mayoría de edad, ya era una hechicera experta y fácilmente podía vengarme del pueblo que por años me discriminó y ofendió; sin embargo, durante todo el tiempo que estuve aislada, nació en mí cierta compasión y en vez de causarles mal, les propuse mi ayuda en lo que me pidieran, pero las cosas fueron distintas: la gente se rehusó a ello y me exilió por tratar de atentar en contra de sus creencias religiosas, y junto con ello, a la guardia del rey, se le ordenó asesinar a mis padres…  Yo lo presencié todo…

“Una noche abrumadora: llegaron a caballo un grupo de veinte soldados que derribaron la puerta y se aproximaron al cuarto de mis padres. Los llevaron al patio trasero donde los desnudaron y le rociaron unas pociones inflamables que saquearon del laboratorio; ambos estaban empapados e imploraron piedad. Acto seguido, les prendieron fuego; mi madre intentó socorrer a mi padre, pero fue en vano, pues las llamas ya consumían sus cuerpos, lentamente…”

<<Continúo observando el cielo, pero todavía mi querida hermana no se aparece… ¿por qué demoras tanto?, te extraño… >>

Por favor, no sientan lástima por lo que ocurrió, fue doloroso, sí… pero ya pasó. Desde ese día, me prometí a mi misma que todo lo que hiciera sería en honor a ellos, por todo lo que me dieron. Créanme, es una deuda que ni en esta vida podré saldar…

Al abandonar el pueblo, me di cuenta que los habitantes de ahí eran ciegos, ya que juzgaban sin conocer realmente a las personas y les inventaban historias alejadas de la realidad (si escribieran, serían fabulosos novelistas, debido a su alto grado de imaginación). Pero bueno, como ya no tenía hogar, decidí “ir en busca de aventuras”… NO, mentira. Me fui a lo profundo del bosque donde mis padres se conocieron, pues una vez me dijeron que allí se hallaba el tesoro más preciado para ellos y que solo lo conocería cuando llegara el momento.

Días y días caminando por aquel paisaje verde y lleno de árboles, llegué a un lago donde percibí una fuerte energía que variaba entre “el bien y el mal”. Oí una voz que me llamaba e invitaba a sumergirme en esas aguas cristalinas. Al parecer tenía un efecto hipnótico, porque lo último que recuerdo es “Bienvenida al ‘Mundo Real’”. Cuando desperté estaba en otra época, vestida con una capa color carmesí, portaba una lanza rojiza con la que podía atacar a distancia y hacer conjuros; además de tener unas bellas alas, las mismas que poseía mi madre, azules como el mar infinito. Intenté mirar a mí alrededor, pero fui cegada por un brillo dorado que me quitó las fuerzas y me desmayé.

Al abrir los ojos, me hallé sentada frente a una gran mesa; junto a mí habían caballeros armados, quienes discutían sobre la guerra que se avecinaba, que no había tiempo y que ahora mismo saldrían a batallar. El rey les dio una “buena-nueva”: me uniría a ellos, pues sería su “salvación” (cosa extraña, pues apenas había comprendido qué demonios hacía ahí…). No se me permitió decir palabra, y partimos rumbo al combate.

Increíblemente, ganamos. No me pregunten: ¿cómo? ni ¿por qué?, solo sé que mis hechizos hicieron algo nunca antes visto: “provocaron lazos entre los enemigos y hubo paz”… NO, miento. Fue todo lo contrario: ambos ejércitos lucharon hasta más no poder y mis ataques aniquilaron a centenares de soldados (enemigos y amigos). Cuando regresamos “a casa”, nos recibieron con bombos y platillos, hubo fiesta, mas yo me refugié en lo alto del castillo mirando cómo el Sol se ocultaba en el horizonte y cómo después, la luna llegaba a su reemplazo…

Curiosamente, ese día la Luna no apareció en el momento que esperaba y decidí quedarme ahí hasta poderla observar… Pasaron los días, se libraron muchas batallas en las que mi aporte resultaba un desastre, provocaba más daño del que imaginaba, por lo que tomé la decisión de abandonar la lucha y dedicarme a sanar, a curar a los caídos y revivir a los muertos (lo último estaba prohibido, pero de todos modos lo hacía).

El rey de ese lugar me agradeció profundamente lo que había hecho por el pueblo y me nombró “Guardiana”, la que velaría por la seguridad, integridad y salud de su reino; además de ser la guía en materias de Magia y la encargada de vaticinar el futuro. Sinceramente, hubiese querido huir de aquel sitio, pero sentí que esa había sido mi recompensa: “Ayudar al pueblo, a las personas que sin juzgarme permitieron mi estadía y que por mis actos y buena voluntad; además de demostrarles quién realmente soy, me aceptaron y valoraron”. Estoy segura que este es el tesoro que me dieron mis padres: mi destino.

Desde ese entonces, la hermana Luna, vela mi soñar.

viernes, 21 de octubre de 2011

Una invitación a: - "HAKUNA MATATA" -

"HAKUNA MATATA", seguramente esta frase es bastante conocida para todos, la escuchamos en la película "El Rey León I", cuando Timón y Pumba la cantan al conocer al pequeño Simba. Lo más probable también, es que esa escena haya marcado parte de nuestra infancia; sin embargo, ¿nos hemos puesto a pensar en qué significan esas palabras?... lo dudo; así que los invito a viajar a nuestra niñez y recordar aquel tema, pues a continuación lo analizaremos...


El primer verso nos dice: "HAKUNA MATATA, UNA FORMA DE SER", pues bien ¿qué quiere decir esto?, veamos, al decir "una forma de ser" se está aludiendo a un carácter, una manera de actuar frente a las cosas y situaciones de la vida sea cual sea su índole. Recordemos además que, "HAKUNA MATATA" significa "NO TE ANGUSTIES", por lo tanto, tenemos en conclusión que la actitud propuesta es "no te debes aproblemar ante lo que suceda".


El segundo verso nos señala: "HAKUNA MATATA, NADA QUE TEMER", y en cierto modo, es muy cierto, ya que muchas veces engendramos temor ante los posibles acontecimientos que puedan ocurrir. Por lo que nos sugiere esta frase es que "a pesar de no saber qué es lo que vendrá en el futuro, el miedo a lo desconocido y/o la incertidumbre ligada a éste, ambos no deberían estar albergados en nuestro interior".


Ya en el tercer verso nos habla: "SIN PREOCUPARSE ES COMO HAY QUE VIVIR", lo que personalmente, encuentro un sabio consejo, pues de qué nos sirve vivir enfocándonos en lo que aún no llega, o en caso contrario, en lo que ya pasó. Cuál es el motivo de "pre-ocuparse", forjando temores y creando historias en nuestra mente, muchas veces distantes de la realidad, que nos hacen pensar y "re-pensar" en ello; olvidándonos de que estamos en el AHORA, AQUÍ EN EL PRESENTE, donde cada instante (hasta el más pequeño) será irrepetible, jamás se volverá a ver algo tal cual se encuentra EN ESTE MOMENTO, puesto que aunque no lo percibamos, habrá cambiado en cuanto a su aspecto, lugar, aroma, entre otros.


Quizás para algunos "vivir sin preocupaciones" es algo cercano a la noción que se le da cuando alguien no hace nada y se cataloga de "despreocupado", pues bien, en este caso, ese "dejar hacer" no corresponde, porque "HAKUNA MATATA" nos llama a abandonar los pensamientos de inseguridad y pre-ocupación frente al porvenir, requiere como se dice: una NUEVA forma de ser, OTRO MODO de ver el mundo, y también una valentía a querer afrontar ese futuro con amplitud de mira y confianza, sin descuidar que el momento para trabajar es ahora, y no mañana.


Así que la invitación está hecha, si se animan a experimentar esta "onda", se darán cuenta de que muchas cosas que se veían complejas, en verdad no lo son, pues "las apariencias engañan para quien usa su mente en vez de su corazón para vivir la realidad".


Dedicado a todos aquellos seres que luchan de hacer este mundo un lugar mejor, para ellos...
¡¡CARPE DIEM y HAKUNA MATATA!!.

sábado, 24 de septiembre de 2011

"Aprendiendo un nuevo lenguaje"

Se despertó con el canto de los pájaros que se posaron en su ventana. Era una mañana de Septiembre y una brisa tenue hacía mecer las nacientes hojas de los árboles. No quiso levantarse hasta que su madre la llamara, pero esto no ocurrió, pasaron los minutos y solo se percibía el silencio:  "¿Dónde está?", se preguntó. Decició ponerse sus pantunflas y fue a ver lo que sucedía. Llegó a la habitación de sus padres y encontró solo un cuarto vacío. Sus ojos se llenaron de lágrimas al recordar que éstos ya no la acompañaban, se habían ido y solo le dejaron esa enorme casa en la que parecía una gota en un océano.


Luego de secarse el rostro, corrió hacia la puerta aún en pijama y gritó:
"-¡¡Oh destino cruel, que me has arrebatado a lo más preciado que tenía, me desjaste sola tal como una hoja olvidada que por causa del viento ha caído al suelo y ya no está junto a sus semejantes!!-".
Su mascota la miraba con tristeza, pues lamentaba que siendo tan pequeña le haya tocado vivir tan grande amargura. Ella observó a su alrededor y notó que todo se había detenido, no se oía ningún ruido, entonces quedó paralizada, sumida en sus pensamientos sin saber qué hacer; estuvo así por largo tiempo.


Regresó a la casa y buscó su cuaderno, en el que siempre escrbía sus emociones, sacó un lápiz y se puso a elaborar un mensaje que decía así:

 "¿De qué me sirve prentender volar si no tengo alas?,
  ¿Para qué busco algo que sé que nunca encontraré?,
  ¿Por qué la confianza y el afecto que alguna vez tuve se esfumaron con la desaparición de mis padres?..." 


  Al terminar, cerró su libreta y la lanzó al suelo, gritó de rabia y se fue al jardín. Ahí observó a las mariposas, quiso atrapar una y en el intento, se tropezó y cayó de boca al suelo; "Lo hermoso es fugaz y cuando lo intentas retener, de alguna manera se logrará escapar" . pensó. Se levantó y fue a ver a su perro, con quien practicamente se había criado; lo abrazó y le dijo: "Eres lo único que me queda, por favor no te marches jamás de mi lado". El animal solo le lamía la mano y se echaba a sus pies, sabía en su cerebro canino que nunca la dejaría sola y en su alma, una fuerte energía le motivaba intentar darle su amor, cuidarla y protegerla, pues era parte de su misión.


Un día la chica fue a la cocina y se quiso apuñalar con un cuchillo, su perro percibió que su ama estaba en peligro, la fue a socorrer y le quitó el arma de sus manos; ella solo atinó a llorar y a abrazar a su mascota, le agradeció el haber llegado justo a tiempo. A partir de entonces, su can permanecía al lado de ella en todo momento, y con el pasar de los meses, en ambos se fue creando una nueva comunicación, pues la muchacha ya no utilizaba las palabras, solo los gestos; y su perro gemía señalando las cosas con su hocico y vista (además de sus patas). Los dos sabían que se debían dar compañía, cuidar y por sobretodo querer, entendiendo que no por ser diferente en el exterior estaban limitados a expresar su amor, por el contrario, ya que en el interior ambos eran iguales.


Una mañana de Diciembre, el perro amaneció enfermo lo que preocupó enormemente a la chiquita. Le intentó ayudar por todos los medios, pero aún así, fue en vano: su mascota ya apenas respiraba y temblaba casi agonizando; no apartaba la mirada de su ama y mediante el "Lenguaje del Amor" le dijo sus últimas palabras:

"Sophy, no te pongas triste, mi camino ha llegado hasta aquí, mas tú debes continuar. Eres una persona increíble que ha sabido luchar contra la adversidad y ha salido victoriosa. No digas que no tienes alas, porque las posees, quizás no las veas, ya que son alas hechas a base de Amor y Esperanza, y solo se logran contemplar con los ojos del alma, tal como lo hago yo.
Sophy, en mi ausencia si te caes, levántate y si vuelves a caer, límpiate el polvo y sigue en pie... No dejes que nada te impida encontrar la felicidad. Yo te cuidaré desde otro lugar, por lo que NUNCA ESTARÁS SOLA; recuerda que si me quieres ver, mírame con los ojos de tu corazón. Te quiero Sophy, jamás te olvidaré."


La pequeña abrió los ojos de su interior y pudo ver cómo un ángel salía del cuerpo de su mascota; éste le sonrió y le dijo: "¡hasta pronto!". Sophy lloró de emoción al darse cuenta que su propio perro, al que adoró con todo su ser era su Ángel Guardián, y con esto en su corazón fue corriendo a su cuarto, tomó su cuaderno y escribió:

"Cuando aprendes el "Lenguaje del Amor", todo lo demás pierde importancia. No existen diferencias externas, solo dos almas que son complementarias y forman un solo ser. Es curioso saber que no hay edad para conocer ese sentimiento ni tampoco existen límites para percibirlo. Solo puedo decir que gracias a mi perro, comprendí todo esto, pues él fue mucho más una mascota; él fue, es y será mi querido Ángel de la Guarda".


Y cerrando su libreta, la llevó junto a su corazón, miró al cielo y pronunció estas palabras: "¡¡TE AMO!!".

sábado, 20 de agosto de 2011

Una Utopía dentro de la Capital


“En aquella estación fría que siempre llega cuando sientes que la soledad se ha quedado de huésped en tu vida, cuando la lluvia cae sin cesar y un viento te hace estremecer: te das cuenta de que no eres más que un ser indefenso bajo el reino de la Naturaleza”; sobre aquello meditaba “Niji”, una joven que miraba las estrellas desde la ventana de su habitación, una noche en que la Luna luchaba por imponerse sobre nubarrones espesos que afirmaban que el temporal continuaría en las próximas horas. Esta pequeña con la mano en su corazón imploraba al cielo que su destino cambiara, que al menos lograra sentir un poco de felicidad al día siguiente, pues su tristeza oculta a los ojos de los demás, la estaba agonizando lenta y silenciosamente. Se durmió dejando caer sobre su almohada unas cuantas lágrimas e intento bosquejar una sonrisa.

Al llegar el alba, se despertó con ánimo y se propuso a que ese día “sería una jornada especial y diferente”, ya que trataría de olvidarse de su pena interna y miraría con otros ojos la realidad. Saludó a su familia como siempre, tomó su desayuno y se preparó para salir; su mamá le preguntó hacia dónde se dirigía tan temprano, ella solo le respondió que iría a un lugar al que siempre había soñado, pero que por temor nunca se atrevió a visitar; le pidió que no se preocupara, porque volvería en unas horas y estaría bien. Luego de tomar su bolso, partió rumbo a aquel sitio que solo ella conocía; abordó el microbús y miraba con curiosidad los rostros de los demás pasajeros, se preguntaba hacia dónde se dirigían y si de verdad deseaban ir a su destino, notó miradas agotadas y otras entusiastas, pero hubo una que le llamó profundamente la atención: era la de un chico, que miraba a la nada por la ventana, estaba totalmente ausente de aquel momento y no cambiaba de expresión facial; la chica pensó que quizás estaba sumido en sus pensamientos tal como ella cuando estaba en compañía de gente extraña o que le era totalmente indiferente.

El microbús había llegado a destino y la muchacha se bajó despidiéndose de aquel niño con una última mirada, pues tal vez no lo vería nunca más. Pisando tierra firme, observó a su alrededor y sintió una gran emoción por lo que estaba contemplando: en medio de una ciudad llena de edificios y calles atragantadas de locomoción, existía un castillo oculto tras numerosos árboles, jardines y flores; su aspecto era propio del Medioevo y se encontraba en el lugar menos esperado… un cerro. Los ojos de Niji se humedecieron y decidió emprender su travesía por aquel sitio “fuera del esquema”.
Una vez en la entrada, su mente no dio cabida a lo que estaba observando: una hermosa fuente por donde caía el agua libremente, el sonido era maravilloso, se acercó para sentirlo con mayor nitidez y algunas gotas le cayeron en su rostro, lo que le hizo sentir un poco de vergüenza, pero su felicidad era mayor. Caminando por los pasillos, vio a lo lejos un tipo que vestía un traje negro, estaba sentado en la escalera y miraba hacia el horizonte; a Niji le causó curiosidad encontrar un individuo así, sabiendo que el solo hecho de estar en aquel lugar la “transportaba a un sueño de niñez”, por lo que decidió aproximarse de forma sigilosa para no asustar a aquel sujeto. Cuando llegó a su lado, el chico se percató que alguien estaba observándolo, mas no quiso darse vuelta para ver quién era, permaneció inmóvil y callado; Niji se alivió al notar que no lo había espantado, y lentamente se sentó en el mismo escalón que él, sin decir ninguna palabra. Comenzó a observar al muchacho y vio que el rostro lo tenía completamente blanco, el contorno de sus ojos y sus labios eran negros, y bajo su mirada tenía pintado unas cuantas lágrimas del mismo color;  sus manos estaban cubiertas por unos guantes blancos y en una de ellas tenía una rosa escarlata que contemplaba perdidamente.

Mientras Niji, pensaba “creo que hoy es verdaderamente un día especial…”, el chico por un solo instante desvió la mirada de aquella flor y observó a quien estaba a su lado, la muchacha nunca se imaginó que ese momento fuese tan impactante, jamás en su vida había sentido como una chispa se encendía en su interior, se ruborizó y comenzó a temblar; el muchacho no le quitó la vista de encima durante un minuto, luego se levantó y le hizo un gesto a Niji para que le acompañara a visitar aquel castillo, la chica estaba pasmada al no entender qué le ocurría, mas el sujeto le reiteró  sus movimientos para invitarla, la muchacha cerró los ojos y extendió su mano temblorosa, la que fue tomada con toda ternura por el mimo.

Recorrieron pasillos, subieron escaleras y contemplaron el paisaje, el chico le hacía muecas a Niji para que sonriera, pero ella no podía hacerlo, ya que sentía que la pena la embargaba nuevamente, así que solamente se limitaba a mirarlo y a ver el entorno. Al llegar a la torre más alta del castillo, donde se veía la ciudad a sus pies, Niji percibió que su alma quería salir de su cuerpo, se acercó a la orilla y abrió sus brazos como un ave que desea emprender el vuelo, cerró sus ojos y respiró profundamente; de pronto sintió que el muchacho estaba muy cerca de ella, su corazón se aceleró y su alma dio un vuelco, un temblor recorrió su cuerpo y percibió que una calidez se expandía en su interior lentamente, mientras el mimo tiernamente la abrazaba.

Al abrir sus ojos, no sabía si lo que había experimentado minutos atrás lo imaginó o si realmente pasó, buscó al chico quien estaba a unos metros de ella mirando su rosa pensativo; Niji, solo pudo suspirar. El muchacho, se dirigió a las escaleras e hizo un ademán a la chica para que lo siguiera, Niji obedeció y volvió a tomar su mano, descendieron con extremo cuidado, pues los peldaños eran de piedra y estaban resbaladizos, el mimo velaba que Niji no cayera y procuraba sostenerla firmemente; la guió por otros senderos, llegaron a unos jardines muy hermosos, “fuera de toda realidad”, admiraron el paisaje como dos niños pequeños que recién descubren el mundo; Niji, al estar cerca de aquel chico se percataba que lentamente la tristeza de su corazón iba desapareciendo, sentía una paz inmensa, pero más que eso se sentía valorada y protegida, algo que muy pocas veces había sentido en su vida.

Cuando la tarde caía, llegaron a un lugar olvidado del castillo, se detuvieron y se miraron por varios segundos tratando de transmitirse lo que sentían, pues ambos sabían que la hora de la despedida ya había llegado. Niji estaba conmovida, tenía una mezcla de emociones, no sabía si llorar o reír, pero lo que tenía claro es que la pena oculta se había esfumado por completo, pues una desconocida felicidad brotó desde lo más profundo de su corazón; el chico, mientras la contemplaba atónito, sonreía; cerró sus ojos y se arrodilló frente a ella, ofreciéndole su rosa escarlata; Niji entre lágrimas de ternura la recibió agradecida, el mimo se levantó e hizo una reverencia, la miró por última vez y fue cuando Niji sonrió con una expresión sincera y llena de pureza e inocencia. El chico le respondió aquel gesto poniendo su mano sobre su corazón, dio media vuelta y caminó hasta perderse entre los árboles de aquel lugar.

Al llegar a casa, la muchacha no podía sacarse de la mente lo que había vivido aquella tarde, había sido como un “sueño en vida”: fue una princesa que recorrió  los pasillos de su castillo en compañía de un ser que de seguro jamás olvidará. Cuando llegó la hora dormir, miró el cielo nocturno y agradeció por todo lo que había vivido durante el día, tomó la rosa escarlata que le fue obsequiada y la puso cerca de su corazón. Se durmió con la flor bajo su almohada, pensando en aquel mimo que le devolvió la alegría a su vida, le demostró que las palabras muchas veces son innecesarias cuando se quiere expresar verdaderamente lo que se siente y que a pesar de que lo que piensen los demás, las utopías pueden ser reales, si de corazón lo deseas.

martes, 19 de julio de 2011

Bienvenido...

¡Oh, qué sorpresa!, no pensaba que vendrías a esta hora y a este lugar, casi nunca veo gente a estas alturas de la noche rondando por la oscuridad... pero ¿quién eres?, pues te miro con detención y no logro reconocerte, espera... deja acordarme... ¡ah, ya sé!, te he visto muchas veces, has estado siempre acompañándome a la distancia y nunca me has hablado ni siquiera ahora que estás enfrente mío. Quizás parezca una locura, pero me da igual, es la primera vez que nos encontramos y es extraño que confiese lo siguiente: "Te conozco desde hace mucho tiempo: vagas en mis sueños intentando acercarte, pero algo te cohibe y no sé qué es, mas eso carece de importancia, quizás desde ahora pueda entender el motivo..."

Por favor no te rías de lo que acabo de decir, es algo serio, aunque bueno, puedes reirte, siempre y cuando no sea como burla. En fin, continuo, no comprendo por qué estás aquí, cómo llegaste donde estoy y cuánto tiempo permaneceremos así, observándonos, mientras yo doy "mi discurso mental" y tú me escuchas con atención; reconozco que ha sido una descortesía mía no presentarme y precisamente eso es lo que haré: soy una chica que ha sufrido como la mayoría y ha vivido experiencias que la han marcado, y de las que ha sabido sacar una enseñanza para el presente y el futuro; me he caído muchas veces y siempre me he levantado, reconozco que a veces me gusta revolcarme en la basura antes de ponerme en pie, pero lo hago más que nada para vivir profundamente cada emoción, una manera de disfrute quizás un poco exótica. Bueno, si me preguntas por mis amistades, confieso que son escasas, pero verdaderas; conozco la traición, sin embargo eso no me impide volver a confiar en los demás, solo que ahora tengo mucho más cuidado al fijarme a quien brindarla. ¿Qué pasa? ¿Por qué te sonríes?...

Creo que te agradó mi breve descripción, mas no te confíes mucho, puesto que para poder dar una opinión certera de mi, debes conocerme mejor, dejando fuera los prejuicios y siendo amplio de mente, ya que conversaciones tradicionales casi no existirán, es decir, los "temas comunes" no son mi de mi interés, así que tienes dos opciones: retornas a tu camino y me dejas en paz, tal como has arribado acá; o te marchas a tu hogar, no sin antes entregarme una breve reseña de tu persona, tal como lo hice yo, para que al final de nuestro encuentro te pueda decir: BIENVENIDO.